El cielo comenzaba a oscurecerse, lo sabía porque la luz que atravesaba la ventana comenzaba a titilar y desaparecer paulatinamente de la superficie de su mesa. Era una observación absurda, mas su mente no dejaba de vagar entre esa imagen y las nuevas ideas que le surgían para la creación de sus relatos. En algún rincón de su cabeza sabía que eso no era lo correcto, debería estar prestando atención a la profesora de historia pero una mezcla de desprecio por ella junto al desinterés que sentía por la asignatura se lo impedía, todos los días se decía "Tal vez mañana preste atención", patético, nunca lo lograba.
Por algún extraño motivo, su mente trabajaba más rápido y con mayor creatividad cuando estaba en clase, sería por el aburrimiento o aquellas voces monótonas de los profesores pero el caso es que lograba componer los mejores relatos y las más profundas poesías en aquellas horas del día.
Esta vez, su mente divagaba con un nuevo proyecto: la creación de su propio manicomio particular, literariamente hablando, claro está. Un lugar lleno de pacientes, cada uno con su locura característica, relatos cortos mostrando sus aventuras y tal vez algún monólogo interior exponiendo ideas filosóficas mezcladas con la vehemencia de un lunático, sí...ya podía imaginar cómo sería. Un sonido estridente la despertó de su ensoñación, su gran idea desapareció en el aire, la clase había llegado a su fin con aquella alarma ensordecedora y ya no tenía tiempo para seguir encerrada en su mundo, era tiempo de volver a su casa como cada día.
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